jueves, 6 de mayo de 2010

El primer día


Al fin, y después de mucho mirar y de aceptar algunos consejos, nuestro amigo Perico Pedal se decidió por comprar una bicicleta de carretera con cuadro de aluminio, la decisión tuvo que tomarla al tener que ajustarse a un presupuesto acorde con los tiempos y con la crisis que apretaba en demasía el bolsillo, así que dejó el carbono para mejor ocasión, en caso que el mundo del ciclismo lo llamara para incorporarse a sus filas.

Con ella empezó a recorrer los primeros kilómetros acompañado en todo momento, claro esta, de su amigo Miguelón Plato Grande, que le iba dando indicaciones, aconsejandolo en cada momento de lo que debía hacer dependiendo de la situación de la carretera.

Miguelón, acostumbrado él en esos menesteres, aleccionaba a su amigo en cada circunstancia con palabras que este practicamente ni entendía, ya que la hablaba de cadencias, desarrollos, que bajara o subiera un diente y todos aquellos vocablos técnicos de los cuales mas que ayudarle, le confundían todavía mas y que poco a poco iban poniendo cada vez mas nervioso hasta el punto de que al llegar a algún semáforo, se le olvidaba de quitar el pie del pedal automático y caía de bruces en medio de la carretera, con el consiguiente pitorreo de coches y viandantes que se encontraban por las proximidades.

Y así concurrieron sus primeros 30 kilómetros, llegando a casa dolorido hasta la medula, ya que no había ningún hueso en el cuerpo que no hubiera tenido lo suyo en su primer día en el mundo del ciclismo. Podíamos enumerar uno a uno los músculos del cuerpo que acabaron con dolores, pero acabaríamos antes si dijésemos los que carecían de sensibilidad.

Sobre todo aquel donde la espalda pierde su digno nombre y a los que otros llaman posaderas.

Pero querido amigo Perico hay que ser paciente, porque esto nos es nada con lo que esta por llegar.

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