
Muchas veces nos preguntamos entre los que salimos en bici, que a que mecánico la llevamos para que nos la arregle. Y cada uno de nosotros tiene razones para llevarla a un sitio o a otro. Algunos, convencidos ellos, de que su mecánico tiene algo especial, que es muy listo y que es un manitas, mientras que otros mantendrán que el suyo tiene el don de la habilidad y de la sabiduría y que ejerce con maestría y tesón, eso si, cobrando muy bien los trabajos realizados. Entonces vamos cambiando de taller esperando que nos acierten el ruido aquel tan molesto y desagradable.
Pues lo mismo nos ocurre con nuestro maltrecho cuerpo, llega ese día que el dolor se instala en nosotros de forma crónica y permanente y vamos buscando el remedio a todos los males que nos afectan. Después vamos de peregrinaje por diversas clínicas de fisios y masajistas y vagamos de consulta en consulta esperando a que unas manos milagrosas se posen sobre nosotros y nos aparten de una vez el malvado y diabólico mal.
Y la respuesta es la misma que con el mecánico, en fin, como en la vida misma, confiaremos en aquellos que sepan acertar en nuestras necesidades y nos den la bendita solución para poner fin al dolor que nos arrecia y que hace que no podamos disfrutar plenamente, impidiendo que realicemos ejercicio al cien por cien de nuestras posibilidades.
Seguro que al final alguien acierta y pulsa la tecla correcta.
Vicente Almodóvar.
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