Año 2040, estamos en primavera, de nuevo luce el sol y había pensado en coger de nuevo la bici para dar un paseo con los niños, pero la verdad, me da algo de miedo, hay demasiados vehículos y ningún lugar por donde transitar con la bicicleta.
Todavía recuerdo las historias que me contaba mi padre antes de irme a dormir y sobre todo una que me encantaba cuando la acompañaba con mi bici de ruedecitas, no se muy bien si era una historia real, un cuento o tan solo una leyenda como la del monstruo del lago Ness, pero se conserva en mi memoria de forma clara como si fuera hoy mismo y hoy les cuento a mis hijos aquella misma historia que me contaba mi padre.
“ Érase una vez, un camino asfaltado pintado de color rojo al que le habían puesto por nombre Carril bici, por aquel lugar tan especial, las bicicletas circulaban en plácidos y espaciados terrenos que la gente de la época había dispuesto para tal fin. En los días soleados podíanse ver a los padres circulando tranquilamente con sus hijos, disfrutando de los días de estío buscando en ellos la paz y el sosiego que acontecía a un paseo familiar”
Desgraciadamente el cuento ha cambiado demasiado, y el carril bici ha dejado de serlo, hoy por hoy tan solo nos encontraremos a gente paseando, en filas de a cuatro o de cinco personas, ocupando todo el ancho del carril, a perros sueltos donde es el amo el que lleva la correa, gente corriendo, otros con patines y donde solo una vez llegue a ver a un valiente ciclista intentando esquivar a tan numeroso publico, eso si, antes de que cayera al suelo y fuera engullido por la multitud mientras un pastor alemán le roía las pantorrillas, cuando llegue a su altura tan solo quedaban los restos de algo parecido a un manillar.
Ojala los cuentos fueran ciertos y exista alguna vez un carril bici como el de la historia.
P.D:
Creo sinceramente que el que inventó el carril bici tuvo una brillante idea, eso si, aunque al final no sirviera para nada en especial, sobre todo en el hecho de circular en bicicleta, ya que en este fin no ha tenido ningún acierto.
Cuando uno necesita unos de esos días de sosiego y tranquilidad, y decide dar un paseo por el carril bici, con la intención de relajar los músculos y desestresar su mente, termina justamente con tal estado de ansiedad que jura y perjura que no volverá a repetir la experiencia hasta que el carril bici recupere si digno nombre y su verdadera intención.
Hoy en día los carriles bici,son rutas del colesterol y no intentes ir rápido que te llaman la atención.
ResponderEliminar